Historias del barrio: el Convento de Nuestra Señora de la Victoria

 Fueron los “Mínimos”, por considerarse los últimos al servicio de los demás, y como seguidores de la vida ermitaña de su fundador San Francisco de Paula, quienes tuvieron a bien seguir una regla de vida severa y dura desde la muerte de su fundador allá por el año 1506. Ya unas décadas antes, y por mandato del Papa Sixto IV, se constituyeron como “Sagrada Orden de los Mínimos”. Esta orden comenzó a difundirse con rapidez por buena parte de Europa, y no en menor importancia por España. El primer convento de los Mínimos fue fundado en Málaga (1493) con el respaldo de los Reyes Católicos, a quien su fundador había anunciado la victoria sobre los musulmanes. En recuerdo de tan acertado vaticinio estos reyes dieron por nombre al convento como de la Virgen de La Victoria, pasando los frailes a ser conocidos como “hermanos de la victoria”.

 


En torno a los años 60 del pasado siglo. Últimos años de vida de la iglesia

Valladolid fue lugar para crear su segunda fundación, por ser “pueblo tan insigne y principal como lo es esta dicha villa por no haber entonces en ella monasterio de la dicha orden habiéndoles como los había de todas las demás”. En estas fue cuando el padre fray Bautista de Herrera solicitó a las autoridades locales “le diesen e señalasen un sitio o suelo para edificar la dicha casa e monasterio”. Accedieron los regidores del Concejo (a la sazón los concejales de hoy día), no encontrando “ninguno que fuere más suficiente ni tan a propósito como la iglesia del bienaventurado mártir y confesor San Roque que es frontero de la iglesia del señor San Sebastián fuera de la puente extramuros de la dicha villa”. Las conversaciones entre los frailes y los cofrades de San Roque desembocaron en acuerdo firmado el 3 de octubre de 1543, cediendo la cofradía los terrenos y la antigua iglesia de San Roque para edificar en ellos el monasterio, espacio situado justo en el cruce de caminos de Cigales y de Fuensaldaña, lindando con el ya comentado pradillo de San Sebastían. Lo que hoy conocemos como Avda. de Burgos.

Con ello, fue en 1544 cuando se comenzaron a construir edificios anejos a la iglesia cedida, entre los que destacó la parte conventual, así como un colegio para la formación de frailes de la orden. Es curioso reseñar que había que entrar por oposición y certificando condición de cristiano viejo. En la consolidación de este espacio tuvo mucha relevancia un prohombre de la ciudad: el licenciado Hernando de Villafañe, antiguo oidor de la Real Chancillería, y miembro del Consejo Real, quien potenció y promocionó el convento. En el año 1595 se dá un paso decisivo en la historia del convento. Los cofrades de San Roque ceden en su totalidad la iglesia a cambio de 3000 ducados, si bien habría de mantenerse como primera advocación el nombre de San Roque y continuar celebrando las procesiones en honor al santo. La comunidad, en sus años de mayor esplendor (s.XVII) llegó a mantener en torno a los 30 religiosos, si bien el declive fue comenzando a lo largo del siguiente siglo (XVIII) llegando al año 1806 con tan solo 15 indiviudos.

La Guerra de la Independencia y las sucesivas invasiones de tropas francesas a la ciudad, supusieron para este convento cambios decisivos en su ya decadente historia. Dado su estratégico emplazamiento el lugar fue constituido como cuartel y espacio para guardar las caballerias de la tropa. Se mantuvo libre la iglesia, si bien de ella se quitaron muchas maderas y vigas para combatir el frío y apuntalar puentes. En 1818, y según narraciones de la época, la iglesia fue saqueada, y el convento finalmente fue clausurado en 1821.

 


Comienzo de trabajos de desmontaje. Las piedras se fueron numerando, acción que no impidió que en la actual iglesia falte una línea completa de esos sillares.

En 1826 se abrió al culto de nuevo la iglesia, y sería en 1886 cuando adquirió la categoría de parroquía que sigue manteniendo. Los problemas de mantenimiento seguían siendo importantes, y en 1901 tuvo que cerrarse por amenaza de derrumbe hasta que fue reabierta dos años después. Todos los edificos anejos estaban prácticamente abandonados y tapiados, dejados en un proceso de ruina permanente.

La iglesia y parroquia resistió en su emplazamiento hasta que la piqueta decidió tirarla en 1964. Se conservaría parte de la fachada eliminado dos filas de sillerías, trasladándola hasta el actual emplazamiento de la misma, en la calle Fuente El Sol, donde fue reinagurada en el año 1967 y hasta la actualidad.

El antiguo solar de la iglesia sirvió, en un principio, para crear instalaciones fabriles (la primera fábrica de INDAL) y después, ya en los años 80 de la pasada centuria se reconvirtió el espacio para distintos usos administrativos de la ciudad: Policia Local, Centro Cívico y Centro de Personas Mayores.

 


Estado actual del antiguo emplazamiento de la iglesia y convento

Como anecdota curiosa señalar que según hemos constatado en difrentes fuentes, las cuales tomaron datos del índice de escrituras del convento, en esta iglesia por cada misa que se ofrecía en el altar colateral del evangelio (de San Francisco de Paula) era sabido que “se sacaba un ánima del Purgatorio, y así es grande la devoción de los vecinos de esta ciudad” por ser venerados en la misma tanto en vida como después en muerte.

Desconocemos si este privilegio o virtud se sigue manteniéndose en la actualidad... de ello hablaremos en una futura reseña.

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Las bases para la elaboración de este texto han sido tomadas de la muy recomendable obra “Patrimonio Perdido. Conventos desaparecidos de Valladolid” de la profesora MªAntonia Fernández del Hoyo (1998, Ayuntamiento de Valladolid).

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